
Sobrevivir no es despertar un día más de casualidad; es decidir vivir un día más.
Luchar por conseguir esas metas que nunca dejan de rondar nuestra mente y tentar nuestra fe, es sobrevivir.
Y sobrevivir no es vencer definitivamente, es entender que aún hay esperanza de triunfar.
Por ello, un tropiezo, no es una barrera.
Un desacierto, no es definitivo.
Y un error, no es el final.
Sobre todo cuando se ha decidido sobrevivir.
